viernes, 26 de noviembre de 2010

La elección

Hacía ya cuatro años que me había marchado, un basto camino había quedado atrás y ya ni siquiera recordaba el color de su pelo, tampoco el de sus ojos. Lo único que era incapaz de olvidar era su risa, a veces la soñaba incluso. Aunque ya no sé si aquella risa que oía había sido real en el pasado o simplemente era un producto más de mi imaginación. Los recuerdos ya no me ataban, ya no dolían. Había decidido no tener pasado, ni tan siquiera futuro, prescindir por completo de mi historia personal. Ya sólo me quedaba el presente. Había olvidado todo lo aprendido para volver a aprender, para ser consciente de todo en todo momento. Decidí que me costaba el mismo esfuerzo ser fuerte que ser débil. Así que dejé a un lado lo que me consumía. Conseguí alcanzar el desapego, erradicar ese nudo en el estómago que me impedía respirar cuando no podía amarrar algo y sentía que lo perdía a cámara lenta. Sin duda, fue una de las mayores liberaciones que he sentido nunca. En el momento en que me marché, conseguí la libertad corpórea pero era ahora cuando comenzaba a explorar la verdadera libertad de espíritu.

Mi metamorfosis ya casi se había completado después de largos, intensos y duros años. Los más increíbles que jamás nadie haya experimentado. Aunque me quedaba mucho por hacer. Cuando salí de la cárcel cuatro años atrás, decidí que era el momento de reinventarme y así lo hice. Vendí lo poco que me quedaba después de haber hipotecado mi vida por mis idas y venidas y salí de aquel lugar con la intención de ver a través de la niebla. Lo estaba consiguiendo. Era ahora responsable de hasta el más nimio de mis actos como no lo había sido antes. Había empezado a despertar. No había marcha atrás.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Victor Hugo. Te deseo.

Te deseo primero que ames,
y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que sí es,
sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos,
y que, incluso malos e inconsecuentes
sean valientes y fieles, y que por lo menos
haya uno en quien confiar sin dudar

Y porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones
tus propias certezas. Y que entre ellos,
haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro

Te deseo además que seas útil,
más no insustituible.
Y que en los momentos malos,
cuando no quede más nada,
esa utilidad sea suficiente
para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil, sino con los que
se equivocan mucho e irremediablemente,
y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no
madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer
y su dolor y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena, que la risa
habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras,
con urgencia máxima, por encima
y a pesar de todo, que existen,
y que te rodean, seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un perro,
alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero
erguir triunfante su canto matinal,
porque de esta manera,
sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea, y la
acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuantas vidas
está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico,
Y que por lo menos una vez
por año pongas algo de ese dinero
frente a ti y digas: "Esto es mío".
sólo para que quede claro
quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno
de tus afectos muera, pero que si
muere alguno, puedas llorar
sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre,
tengas una buena mujer, y que siendo
mujer, tengas un buen hombre,
mañana y al día siguiente, y que cuando
estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar,
no tengo más nada que desearte,
sino que seas feliz.

domingo, 22 de agosto de 2010

Mi Tiananmen



Frágil, la vida yacía tendida sobre el asfalto. En un momento todo se había desmoronado sin darme tiempo siquiera a dar gracias por aquella maravillosa vida que el mundo me había regalado. Eran las dos de la madrugada y algunos líderes aun seguían en pie mientras gran parte de los seguidores habían huido despavoridos, asustados por el ruido de las ráfagas sin piedad de los soldados. Desfigurados por el horror corrían hacia el Este en busca de refugio.

Entretanto, sentía que lo había tenido todo y sonreía. No podía dejar de sonreír mientras mis ojos se cerraban lentamente bajo el negro cielo iluminado a instantes por los destellos rosados de los misiles.

Confieso que a veces me equivoqué, juzgué a quien no debía y cometí el mismo error una vez tras otra hasta la saciedad, adentrándome voluntariamente en la niebla más espesa que jamás haya experimentado. Pero cada momento que pasé, cada sensación que experimenté y mi profundo amor por la vida me ayudaron a crecer y a no dejar de aprender ni un solo segundo.

Aprendí que nos pasamos la vida deseando todo aquello que no podemos tener, esperando que algún día gracias a un golpe del destino nuestra suerte cambie y así obtener de la noche a la mañana todas esas cosas que siempre soñamos. Gran parte de mis conocidos se pasa la vida en un continuo estado de “Quiero”. Quiero esto, quiero lo de más allá… Incluida yo. Casi sin pensarlo sucumbimos a una especie de inercia incontrolable que nos lleva a querer una cosa tras otra sin de verdad pararnos a pensar qué es “eso” que anhelamos y con lo que de verdad llenaríamos el enorme vacío que intentamos tapiar con mil cosas nimias.

Recordé aquellas veces, cuando sentía que una soga me ahogaba el corazón y mis latidos se volvían débiles; cuando una sensación de horrible vacío me contraía el estómago y me dejaba sin respiración, os escribía y me tendíais la mano para hacerme comprender cuán afortunada era por teneros. Sí, por teneros chicos.


Y eso fue todo… Sucia por el asfalto indeleble y rodeada de todos aquellos que me habían apoyado durante 23 años cerré los ojos por última vez.

O eso creía yo…

Me desperté ahogada de dolor en una habitación blanca, de luz intensa. Tumbada sobre una mesa fría de metal que intensificaba mi dolor. A duras penas podía oír una voz grave que insistía en cómo me llamaba, de dónde era y qué me había ocurrido. No podía verle bien, tenia la vista nublada y apenas podía distinguir la figura de un hombre, un chico más bien, de ojos grandes y media melena oscura. No sabía que hacia allí, me dolía el alma. –¡Mátame ya, joder!- pensé. Había también alguien más, por su voz dulce y apacible deduje que se trataba de una chica, tenía aproximadamente la misma edad que él. Cada vez que se acercaba podía sentir como me regalaba su energética sonrisa.

- Aquí estas a salvo- me dijo ella.

Y por fin, la calma, como una cascada de paz llegó gracias a esos dos salvadores de alma infinita.

miércoles, 9 de junio de 2010

“No he adquirido todavía un punto de vista político, religioso o filosófico. Cambio de opinión cada día y consecuentemente he de limitarme a describir cómo mis personajes aman, se casan, se alimentan, mueren y hablan.” — Chéjov.

martes, 1 de junio de 2010

Distrito 32 (Parte I)

Vendida y paralizada, había conseguido llegar a un destino, aunque no fuera el mío, aunque fuera la antítesis de aquello que había decidido en el momento de partir cuatro meses atrás. Formaba parte ya, con un mimetismo incuestionable, de todo aquel circo. Cual pinta y colorea, todos ellos —y a veces incluso yo también— se dedicaban a definir con trazados obscenos e imprecisos la vida de los demás.

Dicen que la primera idea siempre es la buena, y para mí, el primer plan que tuve en mente al llegar allí hubiera sido mi mayor acierto, mi mejor senda a seguir. Desgraciadamente, decidí ignorarlo pese a que todo me indicaba lo contrario.

Mi camino se volvió autodidacta, obviando mis valores y opiniones, tomando decisiones por su cuenta sin ni siquiera un ápice de consideración. Paradójicamente, mi camino decidió vivir sin mí. Je est un autre*. Ya ni las últimas noticias desfavorables me entristecían. Incluso, las explicaciones carecían de sentido alguno.

No dejaba de preguntarme cómo coño había llegado hasta allí. Supongo que fui obligada a saltar sin red y simplemente lo acepté.

*Cita de Arthur Rimbaud

martes, 18 de mayo de 2010

Check this out. DIASPORA

Queridos rastas (rastafaris, dreadlocks, dreds, dioses del olimpo…),


(A la mujer que susurraba a los rastas…)




Hace mucho tiempo le prometí a alguien que escribiría esto en su honor, en vuestro honor. (Debo confesar que me ha costado, pero por fin esta aquí.)

Al empezar a escribir esta entrada no puedo evitar pensar en la cantidad de momentos compartidos entre risas (sobretodo con la mujer que ama a los rastas…) hablando de vosotros. Habéis colmado nuestros días de sonrisas interminables y habéis inspirado noches irrepetibles, únicas. No sabéis como nos habéis cambiado la vida queridos.

Continuamente luchando contra la adversidad, defendisteis utopías y castigasteis injusticias. Siempre admiraré como constantemente estuvisteis al pie del cañón. Nunca importó la hora, ni el lugar, ni siquiera el “con quién”. Una simple llamada era (y es…) suficiente para teneros cerca, para regalarnos placer eterno. Infinitas gracias (de parte de las dos).

Aunque debo advertiros que ella ni les mirará si deciden arrinconar su rasgo distintivo: sus rastas. Así que un consejo, no sean incrédulos, no se corten el pelo, y sobretodo, no se rapen. Están más guapos. Yo mientras tanto, les seguiré esperando, ya tienen mi teléfono (tranquilos, ella tiene los suyos…).

My money shot

Hoy era el gran día, lo había estado esperando desde hacía años y por fin había llegado el momento, my money shot. Me dispuse a salir del trabajo, cogí todos mis trastos, la agenda y salí del edificio sin prisa pero con una emoción gigantesca, arrebatadora, desbordante. En la calle el bullicio ensordecedor del tráfico de las tres actuaba casi como un relajante natural, como si me encontrara en un paraje montañoso y ese ruido no fuera más que una cascada oculta entre álamos.

— ¡Joder!—. Me había vuelto dejar el móvil en la oficina, siempre me pasaba igual. Lo encontré bajo la maraña de papeles. Bajé de nuevo a la calle, seguía el ruido pero parecía que el sol brillaba con mucha más intensidad.

Cuando llegué, todo parecía menos monótono. Más brillante, sonoro e incluso un poco estridente. Empezaba a surtir efecto aunque sabía que sólo duraría, como mucho, un par de horas. Allí estaba yo, sentada junto al hombre del menú —el que siempre come solo al mediodía— sin argumento alguno que poder dar y con una borrachera de energía totalmente incontrolable. Mi cerebro pensaba más rápido de lo que era capaz de procesar y mi cuerpo no podía permanecer inmóvil. No nos conocíamos de nada, ni siquiera habíamos cruzado una sola palabra durante los tres años que llevaba comiendo allí como él. Me preguntaba en qué estaría pensando. Trabajo —me dije—. Seguro que está pensando en el trabajo. Debe de ser un hombre muy ocupado. Siempre con su traje a cuestas y su maletín pegado al metacarpo. —pensé—. Su aislamiento no era cosa de casualidad, no era para nada eventual. Siempre, siempre comía solo. Supongo que era por eso que sentía una extraña atracción hacia él. Supongo que el dolor siempre es un nexo de unión, acerca posturas y nos hace aún más insignificantes. O quizá era esa mierda que me había recetado mi médico. Me hacía tener la adrenalina por las nubes, el solo roce del viento con mi piel me producía una sensación casi orgásmica. Todas esas sensaciones eran incontrolables y me encantaba.

Aunque otra parte de mi no podía evitar pensar que tal vez los esfuerzos realizados, la diplomacia autoimpuesta y la intuición “casi” acertada ya no sirvieran de nada, de hecho, creía que todo estaba empezando a rozar la ridiculez... Tenía muchas razones, pero había perdido por completo la razón.

Libro del mes

You Are Not A Gadget por Jaron Lanier.

viernes, 16 de abril de 2010

Mamá, me he hecho mayor...

(A mi madre)


Sé que a lo largo de mi vida he hecho cosas extrañas. Difíciles de comprender, quizá. Me he pasado la vida, sin darme cuenta, usando tippex en papel reciclado. Y simplemente, no funciona. Pero al fin y al cabo esa soy yo mamá, una maraña de crecientes dudas, golpeando unas contra otras como renacuajos en un bote de cristal esperando a ser admirados o incluso rescatados. Pero como me dijeron alguna vez, a las penas puñaladas.

Siempre he infravalorado toda la ayuda que me has prestado. Tus consejos y todos los sacrificios que has hecho por mí. Por nosotros. Te quiero. Nunca te he dado las gracias. Ahora tengo un trabajo que me permite tener mi propio espacio y desde la distancia todo se ve diferente… Me he hecho mayor. Ya soy independiente, y como decía él: “Nunca serás independiente hasta que no seas económicamente independiente”. Y… ¡Ahora lo soy! —¡quién te lo iba a decir…!—. Es todo por ti.

Tampoco nunca te he dicho lo feliz que me hace tu nueva vida. Me alegro tanto…

Muchas gracias por tu amor definitivo mamá. Y es que, al final, eso es lo único que importa sobre el parqué.

jueves, 15 de abril de 2010

Los matices terracota

Siempre me sorprendía la gente que conocía allí. Era increíble, inexplicable. Casi como un imán, ese lugar concentraba a la gente más variopinta que jamás he visto. A veces, incluso, pensaba que era todo producto de mi, más que libre, imaginación. Me recordaba un poco a la fauna de aquel antro en la zona norte de Londres, nunca sabía lo que me iba a encontrar pero ninguna vez me defraudó.

Quizá suene curioso pero me encanta sentarme a verlas pasar, o mejor dicho, a verlos pasar… Es un mundo paralelo dónde no importa nada excepto los cruces de miradas. ¡Dios! Como me encanta la inventiva subterránea. Imaginar sus vidas cual Amelie, eso sí, sin fotomatón y con esa voz cantarina de fondo, casi hipnotizante.

Y es que bajo tierra todo se ve diferente…

lunes, 12 de abril de 2010

Non bis in idem

Y se sentó allí, a escucharla crecer, abrirse al sol. Era perfecta. Cada detalle, cada parte, por diminuta que fuera, le inspiraba. Su composición era pulcra y sin fisuras.

Mientras la observaba, soñaba con mudarse pronto a aquella casita de madera de la montaña, inspirada en un libro de arquitectura que alguien le dejó.

A veces, insegura, trataba de controlar todo lo que pasaba. No podía. Y es que al final, ya no sabía si el mundo giraba muy rápido o era ella la que era incapaz de detenerse. El tiempo pasaba sin titubear, era fulminante, radical como un hachazo. Sabía que lo tenía todo. Demasiadas facilidades y nada que decir, se había quedado muda. Le habían arrancado el corazón de cuajo, en seco y sin avisar.

Y en la única cosa en la que podía pensar era en aquello que ella le dijo alguna vez: “La ciudad no se va a callar por ti”.

— Vomité. —dijo.
— ¿Cuándo? —respondió.
— ¿Cómo cuándo? Cuando lo supe... —replicó.

domingo, 11 de abril de 2010

burn, burn

"Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida, mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas".

Jack Kerouak- On the Road

miércoles, 24 de marzo de 2010

La salida

— ¡Mierda! ¿Qué hora es? Me había vuelto a dormir. Ya era la tercera vez este mes. No podía continuar así. Tenía la testosterona por las nubes. A veces ni siquiera sabía como me llamaba. —Y qué puto mareo, joder!— Tenía resaca por quinta vez consecutiva esta semana…

— ¿Vamos?—dijo ella.

— Vamos…— dije.

Sabía que todo yo era un caos. Era decoroso, neutro e incluso un tanto monótono como los discursos de la Plaza San Pedro. Adicto al arrepentimiento, me estaba dedicando a verlas pasar desde el sofá de mi casa en contra de mi propia voluntad. Pero después del accidente mi vida se había tornado menos fácil de sobrellevar.

¿Quién era yo para negarle el ser escuchada? Así que no tuve más remedio que ir, otra vez. Y no dejaba de preguntarme si estaba jugando conmigo de nuevo. Decía que hablar era una terapia para ella, aunque, razones a parte, sólo quería pasar tiempo conmigo, cuanto más, mejor. No sabía qué hacer ni qué responder... Empezaba a pedirme demasiado pese a que habíamos dejado de ser "nosotros" mucho tiempo atrás.

La salida estaba cerca, pero me había dejado la llave en casa, otra vez.

lunes, 22 de marzo de 2010

Azul felicidad

En el fondo era una romántica. Me hubiera pasado la noche viendo llover. Desde mi cama podía ver las gotas golpear con fuerza la planta que María nos había regalado la semana anterior. Y esa luz, de color indescriptible, ni blanca; ni amarilla; ni naranja. Simplemente, inclasificable. Cuanta paz. Gracias.

Había pasado de estar sometida a un marcaje asfixiante a un silencio desatado, sin barreras. Casi como en un trabajo de patchwork me recomponía pieza a pieza, lentamente pero sin pausa. Su narcisismo iba en aumento, aunque había dejado de afectarme mucho tiempo atrás. La comunicación era siempre unidireccional. Mis respuestas, casi inexistentes, eran reinterpretadas para conseguir nuevos significados que yo nunca pretendí mandar. Sin embargo, ya no importaba. Ahora todo estaba cambiando.


Era muy nuevo para mí. El sexo, increíble. Su imaginación era desbordante, podía visualizar cualquier escena hasta el último detalle. Sus descripciones eran capaces de hacerte sentir el olor de las hojas al caer en pleno otoño. Cuando hablaba, podía oír el agua del río correr y ver ese azul felicidad del cielo como si de verdad me encontrara allí, en el prado, junto a los árboles ocre y el río incansable. Me volvía loca con ese pelo precioso, de color negro azabache empapado de sudor.

...

viernes, 19 de marzo de 2010

Luthier

Era de lo más cobarde que había pensado nunca, aunque seguía intentando buscar abrigo allá dónde nunca hubo cobijo para ella. Asumía su culpa aunque siempre pensó que todo era mucho más fácil de lo que parecía a simple vista.

Mientras lo miraba, era incapaz de escuchar ni una sola palabra de lo que decía. No dejaba de preguntarse cual era la forma correcta de escribir Luthier. Absorta, miraba sus labios moverse. Intentaba descifrarlos.

—Lutier, Luthier, Luthiere… No tengo ni idea.— pensó. Se hundía cada vez más en su silla, mientras él era incapaz de callarse aunque sólo fuera por un minuto. Ella no era muy dada a hablar y él siempre hablaba demasiado.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Marta y tú

Caminaba, sin rumbo alguno, por aquellos pasillos delgados que parecían no tener fin. Iluminados por unas diminutas lámparas de hacía cincuenta años que apenas emitían un suspiro de luz. Recorría el lugar sección a sección, analizando cada estantería, escaneando hasta el último título disponible. Indecisa, caminaba arriba y abajo sin descanso dando saltitos para sortear sillas, papeles, libros… Pero al final, siempre acababa —porque era incapaz de escoger— llevándose dos libros. Marta siempre había sido una chica inquieta, irracional, imponente y hasta un poco lasciva. Siempre sonriente pero con un carácter fuerte, a veces un tanto inamovible.

-¿A qué te dedicas? —le preguntó. Marta se puso nerviosa, no era la primera vez que se veían y le encantaba.
- Yo soy Musa. —respondió Marta en tono divertido— ¿Y tú?
- ¿Yo? Yo… Mejor te lo cuento otro día...— Y se marchó.

Marta, pensativa se quedó quieta un momento, con esa sonrisilla que le asomaba casi sin querer. Miró como se alejaba y entonces siguió su camino.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Entre ser y estar

— Buenos días.
— Buenos días.
— ¿Bien?
— Bien.
Lo miro. Me mira. Me encantan sus ojos esquivos. Su pelo en 3D. Su olor casi extinto. Las casualidades. La casualidad. Después de mucho tiempo, lo reencontré en aquel bar, no quise ser descortés pero soy alérgica al pasado. Cada vez, me resultaba más difícil saber quien era y dónde estaba aunque una noche de compañía no me venía mal, para que nos vamos a engañar… Dejé que se quedara a dormir, aunque confieso que no me gusta compartir mi cama para según que cosas. Era extraño, cuanto menos singular.

Me marché, era tarde. Dejé café hecho, aún me quedaba un poco de hospitalidad después de todo. También una nota: “Gracias y cierra cuando salgas. Daniella”

Me gustaba mi nueva casa, aunque el transformador se chamuscara durante la primera semana y llevara dos días sin luz. Las velas me gustaban. Creo que las voy a usar más a partir de ahora— pensé.

A veces, cuando llegaba a casa, me sentaba a disfrutar de mi cigarrillo de después de la ducha de las 10. Sin quehaceres ni preocupaciones en mente.

Rodeada de mil colillas de fracasos, me preguntaba si mi verdadero yo era así, o si era así porque estaba allí.

martes, 9 de marzo de 2010

Querida doble lazada,

(A las dobles lazadas y a ti que me ayudaste a comprender cuan importantes son para el mundo...)



Hace mucho que estas palabras debieron haber sido escritas, no tuve tiempo y te pido perdón. Nunca olvidaré todo lo que has hecho por mi y por todos aquellos que odiábamos las zapatillas con velcro que nuestras madres se empeñaban en comprar por comodidad —la suya—, que al final ya ni pegaba ni nada, lleno de esa pelusa oscura de “procedencia indefinida” enganchada a una de las tiras. Y te pasabas el día perdiendo las bambas en cada esquina porque no las tenías atadas… Incrédula, me resigno a pensar que no te duele que algunos infieles se hayan pasado al velcro —o incluso a las gomas ¡Dios Santo!—.

Por otro lado querida amiga, me maravilla tu entereza y discreción. Siempre me sorprendió tu humildad ante aquellos menos favorecidos. La simple lazada nunca fue rival para ti pero siempre actuaste esquiva ante cualquier ataque directo. El silencio fue tu mejor arma y probaste que el eco de los tiranos se asfixia al chocar con las montañas. Conmovedor.

Con esta carta quería expresarte lo mucho que admiro (y admiramos) tu labor para sujetarnos a lo que más queremos y por hacernos nuestro viaje mucha más llevadero. Y te pido disculpas por aquellos que nunca te valoraron de verdad, ni siquiera Wikipedia te menciona... Seguiremos enseñado a nuestros hijos y hermanos tu canción para que tu legado no quede en el olvido de aquellos que no te supieron entender.

Con amor,
Cuandollegoacasa.


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lunes, 8 de marzo de 2010

El viaje Parte 2

A veces, perdida, era incapaz de entender lo que pasaba. Lentamente, me alejaba de todo aquello que una vez conocí bajo unos dogmas autoimpuestos que casi no me dejaban ni respirar. ¿Por qué me costaba tanto leerlo? Era como estar a oscuras de nuevo. Intentando en vano adivinar en qué pensaba; qué quería y por qué seguía allí, sonriendo, como siempre. Unas veces, era tan poco transparente para mí, que acabé pensando que era todo un invento, una patraña. Otras en cambio, lo sentía tan cerca que se me acobardaba el alma. No lo veía, y lo que era capaz de vislumbrar, se me hacía imposible descifrarlo. –Vaya putada.

viernes, 5 de marzo de 2010

'Sextina del trotamundos', de Rudyard Kipling (1865 - 1936)

En general, los he probado todos,
Los caminos felices de este mundo.
En general, los he encontrado buenos
Para los que no pueden, como yo,
Usar la misma cama mucho tiempo
Y van de un lado a otro hasta que mueren.
Qué más da dónde o cómo uno se muera,
Mientras haya salud para mirarlo todo,
Las diferentes cosas, el modo en que las hacen,
Los hombres y mujeres que se aman en el mundo…
En fin, aprovechando el tiempo,
Poniendo buena cara, si no es bueno.
Al contado o a crédito… A las cosas lo bueno
Es cogerles el gusto. Si no, te morirías,
A no ser que tu vida dure muy poco tiempo
Y no hagas predicciones ni te inquietes, y todo
Te dé igual, mientras haya qué comer en el mundo,
Sin pensar en las cosas que has dejado de hacer.
¿Y qué cosas me quedan por hacer?
He probado bastantes, y me han salido bien,
En diversos empleos alrededor del mundo;
Porque el que no trabaja ha de morir,
Aunque eso no es razón para estar toda
La vida sin cambiar de oficio: hay poco tiempo.
Y bien, en ningún sitio he estado mucho tiempo;
Ningún sueldo bastaba para hacer
Que me quedara cuando me fastidiaba todo
Y había que largarse por las buenas,
Y ver cómo las luces del puerto iban muriendo
Y acompañar al viento alrededor del mundo.
Es como un libro, pienso, este maldito mundo,
Que lees y te preocupa cierto tiempo,
Hasta que sientes que te morirás
Si no acabas la página presente
Y pasas a la próxima, puede que no tan buena;
Pero te empeñas en pasarlas todas.
Bendito sea el mundo, da igual lo que nos haga;
Todo está bien, excepto si dura mucho tiempo.
A mi muerte, escribid: "Le gustó todo".

20Minutos, 5 de Març

jueves, 4 de marzo de 2010

Queridos cerrajeros del mundo,

(A Tania por su labor de cerrajera...)

Hoy quisiera dedicarles una entrada en mi blog, que aunque sólo tenga una audiencia de dos lectores mensuales (aproximadamente...), sigue siendo un buen homenaje a su faraónica labor 24/365.

Paseando por mi nuevo barrio -bonito donde los haya- me percaté de algo insólito, inaudito, casi imperceptible. Y es que, amigos cerrajeros me di cuenta de que ustedes siempre están ahí para nosotros. Esperando a ser solicitados. Ni siquiera es necesario buscarles, ustedes siempre acabaran viniendo a nosotros en cualquier lugar y a cualquier momento, estoy segura. Eso sí, muy económico, casi gratis. Fascinante.

Ustedes saben cuanto les aprecio y por ello me atrevo a preguntarles... -y entiendo que necesiten publicitarse- ¿Porqué empapelan ustedes hasta la última puerta/persiana/ventana o incluso timbre? Me intriga pensar a qué hora y cómo colocan ustedes esas pequeñas dulces pegatinas en nuestras casas. ¿Organizan recorridos nocturnos para no ser vistos? ¿Llevan un rollo gigante de esos amarillos con millones de pegatinas o un sobre con pegatinas cortadas individualmente? Y... ¿No se dan cuenta de que el color fosforescente deja de ser efectivo cuando absolutamente todos y cada unos de sus competidores también lo usan? Ya no duermo bien. Necesito respuestas. Ahora ya saben dónde vivo. Sí, sí, es el timbre empapelado del número 2.

martes, 2 de marzo de 2010

El viaje (Parte 1)

Me disponía a coger el toro por los cuernos. Estaba harta de andar de un lado para el otro sin sentido alguno. No podía contar con ellos y encima encontrar piso era, cada vez más, una tarea ardua y agotadora. Ya había pasado suficiente tiempo bajo aquella lluvia pesada, ya había tenido bastante por hoy. Para siempre.

Sin darme cuenta estaba allí esperando a verlas pasar, inmóvil, sin poder mover un solo músculo. Estaba decidido. La maleta lista. Y unos billetes a ninguna parte en mi bolso. No tenía nada preparado, pero estas cosas o se hacen así o acabas uniéndote al resto. Por otro lado, allí donde iba ya no iba a necesitar nada de todo aquello. Un juego de ropa de repuesto y mis cigarrillos de liar de 1.75 euros que ella me descubrió una noche cualquiera.

Antes de salir, en la puerta, me detuve. Esa sería la última vez que viera mi casa (y aunque no fuera mía, lo fue por un tiempo), todos los objetos que creí eran importantes para mí. ¿Cómo alguien puede guardar toda su vida en una casa de 50m2? Pensé en dejarle una nota, pero ya no tenía importancia. Y entonces, me marché.

martes, 23 de febrero de 2010

El ciclo



Basándome en mis experiencias anteriores, creí que todo iba a ser lo mismo, que nada iba a cambiar. Después de todo, no me equivocaba. Aunque debo confesar que durante un tiempo creí que quizá sí que me estaba equivocando. Fue una ilusión más, un verde oasis que resultó ser un espejismo. Como el resto, como siempre.

Hoy, camino con prisas, sin parar a observar detenidamente los detalles de lo que ocurre ante mis ojos. Olvidé mi cámara en un rincón del armario. Pasan los días y tengo la sensación de que estoy demasiado ocupada en “existir” como para poder ocuparme de mi auténtico ser. En estado de penumbra, camino como si no viera y no pudiera ser vista. Con la cabeza gacha y escuchando a Erik Mongrain. Al fin y al cabo, nadie puede ponerle puertas al campo.

Aquel día el mar estaba más verde que nunca, el viento era mi banda sonora, me congelaba la nariz y ya casi era incapaz de sentir mis dedos. Olvidé mis guantes de nuevo, en realidad ni siquiera sé donde los puse. Siempre me ocupo de perderlo todo durante las primeras tres semanas, no se salva nada. Una vez, recuerdo haber logrado conservar aquellos pendientes que compré en Mcleod Ganj (India) durante más de cuatro meses, acabé prestándoselos a alguien y ya no los volví a ver. Aunque… ¡Qué mas da! No son más que volátiles objetos.-pensé. Todo viene y va y, al final, es el resto lo que permanece.

It's gold.

I left my body behind. Streets, and the rain. Go on. Sounds, while they paint the streets. Gold, fresh gold. And the sun. Now, the police. Again. And the sun. This fucking sun. The end is coming but I can't move and I look but I can't see. The police. The sun. I am hot. Gold. He's gone now, and I am getting older. It's gold.

jueves, 18 de febrero de 2010

Queridos restauradores y demás amigos,

Hoy he querido dirigirme a vosotros para mostraros mi preocupación acerca de sus excesivas ganas de diferenciarse, ya no con sus precios o la calidad de sus platos sino con las insólitas y fascinantes creaciones de sus baños.

No es que me importe que quieran crear un ambiente diferente en sus servicios, es que simplemente me dejan estupefacta, helada e inmóvil cual Perito Moreno, resquebrajándome ante la poco común imaginería que exhiben a la entrada de sus lavabos.

Imaginería que al final ya creo que proviene de imaginación y no de imagen, porque, queridos hoteleros, restauradores y demás dueños de establecimientos con baños, yo ya no logro adivinar nada. ¿Podrían por favor colocar o crear unos carteles legibles, identificables y de fácil comprensión para la masa de bajo coeficiente intelectual? ¿Qué necesidad imperiosa tienen ustedes de ser tan abstractos?

Me siento en una encrucijada, cual explorador ante dos puertas, una lo llevará a la gloria, la otra al infierno -con leones hambrientos incluidos-. Siempre fui de difícil determinación. Caótica. Inestable indecisa por naturaleza. Pero, ante todas las cosas, siempre amé poder decidir.

¡Y es que yo sólo quiero ir al baño, joder!



















martes, 16 de febrero de 2010

Ella no descansa

Ahora todo es de otro color. Veo la vida desde el otro lado, y aunque me pareciera fácil en el pasado, nunca lo fue. Vivía inmersa en un océano paralelo en el que las constantes corrientes me obligaban a seguir nadando rumbo a ninguna parte. Me costaba respirar, ya no comía. Era como estar ante un acantilado, con la nada al frente y no poder gritarle al viento.

Desde mi ventana, Barcelona, bajo las nubes. Creo que ha empezado a llover. Los paraguas nunca me gustaron. Mojarme, me encanta. Y se hace de noche, pero ella no descansa.

Aunque aun hubo más, no quise darle más vueltas. Al final todo acaba, sin más.

viernes, 22 de enero de 2010

Ron Mueck

Queria compartir esto con vosotros, no si conocereis a Ron Mueck. Es brillante, sus gigantes parecen tan reales, tienen vida propia. S i teneis la suerte de estar por Australia, creo que expone en la National Gallery of Victoria.

domingo, 10 de enero de 2010

Who the fuck is Yannis Goutman?

No sé quién es, no lo conozco pero he leído esto. Y simplemente me ha encantado. Mirad su flickr photostream. CONMOVEDOR. EMOCIONANTE. VIVO. Mirad esto.

TRUE COLOURS by Yannis Goutman.